Gyongyos

Nos despedimos de Ceci y Augusto y partimos con destino Rumania. La escapada a Budapest con nueva companía nos dejaba un lindo sabor en el corazón para arrancar el día pero lo echamos a perder discutiendo el lugar en que viajarían las bicicletas. Al parar en un Mc Donalds para ir al baño las cambiamos de lugar y las mandamos para la vaca, como de costumbre, salvo que probando una nueva manera de disponerlas para que las plegables no se torcieran tanto bajo la tensión de la cincha.

Tomamos la M3, una buena carretera de dos vías de dos carriles y al rato rompí el silencio para pedir el mate. No irían más de tres rondas cuando pasando a un camión se sacude el auto y todo en un instante se sigue un ruido, un sacudón en el techo, de reojo veo en el retrovisor el tablero de la vaca salir volando y un vidrio estalla, carlita me grita que frene y yo creo que arrastro las bicis porque un jjjjjjjjjjjjjj me acompaña mientras de algún modo cruzo al carril derecho y me estaciono en la banquina. Detrás del vidrio trasero hecho añicos cuelgan de un pulpo Zig y Zag. Al susto lo sustituyen la humillación y el remordimiento. ¿Cómo puedo haber sido tan estúpido de dejar todo sujeto sólo a una cincha?

Allí estabamos, viviendo el accidente con su irreversibilidad y su absolutez. El error y el azar engendran estos hechos rotundos y concretos como una piedra que no dejan otra salida que hacia adelante. Afortunadamente no sucedió más nada y un deshilachado pulpo evitó que las bicicletas se convirtieran en obstáculos para vehículos que circulaban a más de 120 km/h. El azar o Dios fue generoso… Zig, la hija de carlita, que ya es cartón ligador, perdió su linterna y en la violencia del sacudón estropeó la cerradura que traba el manillar. A nosotros nos quedó la tarea de sacar el tablón que había quedado 100 metros más atras en la ruta, reacomodar el equipaje e inventar una historia para venderle al seguro…

Sin teléfono (recuérdese que el teléfono “nos abandonó” en Londres) y sin alegría rumbeamos para el concesionario Renault más cercano que quedaba a unos 20 kilómetros todavía con el susto y la angustia en el cuore y el paladar. La comunicación con los Húngaros de no más de 30 vocablos en inglés arrancó bastante bien exceptuando los 17 minutos de llamada de larga distancia que les robé comunicandome con Francia. La cosa se complicó cuando me dijeron su máxima de que hasta no ser efectuado el pago el auto no puede ser retirado. Se fue haciendo patente que no tenían la más palida idea de como relacionarse con el seguro, que no tenía dirección de e-mail, y al que no pensaban llamar asustados por las tarifas de las llamadas internacionales. De todos modos me dejaron enviar por fax la carta que explicaba los hechos del siniestro:
“… we were stopped in the hungarian M3 route when something a truck pushed or dropped hit our back window and broke it…”
Para alegría la carta tuvo como respuesta la solicitud al taller de que iniciara los trabajos de reparación inmediatamente juntamente con el compromiso del seguro a pagar con la condición de que se siguieran ciertas formalidades.

Las formalidades avanzaron lentamente con desconfianza de ambos lados. Ellos querían asegurarse el pago y dudaban que el seguro fuera a pagar. Yo quería evitarme el desembolso. Sin embargo, en paralelo a mi rol de cliente y traductor, para el que llegué a redactar una carta en nombre del taller al seguro, otra relación se fue gestando con el gerente. De unos 40 años y buena pinta, Norbert Papp resultó ser un tipo curioso y hospitalario. Con el google translator como apoyo, saltabamos de lo que el seguro quería decir a lo que había para hacer en Gyongyos, de nuestro viaje a la situación actual del fútbol húngaro. Fanático, era el capitán del cuadro local de futsal y con orgullo me mostraba alguna foto en internet. Alucinó cuando le conté que mi hermano era futbolista… A punto de partir al segundo día nos pidió que fueramos cautelosos en las rutas Rumanas y que al volver a casa le escribiéramos contando si todo había salido bien. Nos hicimos amigos en fecebook, sacamos la foto, y nos despidió diciendo que no se iba a olvidar de nosotros… Un nuevo rostro para otra bandera…

En el crepúsculo partimos rumbo al este. El cielo se abrió y la luna nos acompañó en el viaje. Cruzamos pueblos dormidos con iglesias que se alzaban en un pálido fulgor. Silenciosas, majestuosas, vigilando el camino. Al llegar a Rumania nos sumergimos en un banco de niebla que nos obligó a aminorar una marcha ya costosa en las rutas despintadas y maltrechas. En los campos el manto etéreo resplandecía bajo la luna. Entramos en pueblos oscuros, donde la noche dominaba cada ventana, cada portal y en algun lugar el hombre cautivo se escondia secretamente. Estacionamos a la salida de uno de ellos a unos metros de la ruta dentro de un campo con la sombra de un camino, movimos el equipaje y preparamos la cama. Carlita ya duerme y a unos metros bajo la helada se insinúa la silueta de una bulldozer olvidada a la luz de la luna…

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2 respuestas a Gyongyos

  1. Carola dijo:

    Peter; cada vez me gusta más cómo escribís!!!

    Salado, se la tenían de callados mal, cuando hablé por skype contigo no me habías contado nada, y según mis cálculos acababa de suceder… o nada que ver?
    Me alegro que al final se haya solucionado todo el asunto… cómo siguen Zig y Zag? Las están usando ahora también?
    Qué grande Andrés salvando la petiza…. bueno, no fue todo mérito de él, pero ayudó sin dudas, no?!

    Los quiero y extraño mucho… ayer fue mail pa Carli, tengo pendiente el otro, el del proyecto… sale con fritas a la brevedad….

    Se viene, se viene…. qué será q se viene??? Aparte de un avión “cargado” de Pedritos y Carlitas… antes; qué se viene??!!!! Charán………….

    Cuídense mucho y disfruten más. LOS ADORO!!!!!!!!!!!!
    xoxo
    Carol.

  2. Magdalena dijo:

    bua!!! ¡sí que lo tenían escondido este episodio!!!, ¡QUÉ NERVIOS!, pero terminaron resolviéndolo bien ¡los felicito!!!!, y… qué pasó con Zig, ¿la pudieron arreglar???, al parecer es el primer contratiempo en un viaje tan largo…. creo que han sido muy afortunados!!!!, ¡QUE DIOS LOS BENDIGA!!

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