Roma y los romanos…

Los romanos… que raza los romanos!

Estos muchachos, de traje y corbata, de boina y zapatos, de pelo rapado en los costados y crestita. Estas muchachas, arregladas hasta el pellejo de las uñas, con frescos en las caras, con pestañas enchumbadas en rímel… no terminé de entender muy bien hacia donde caminan.

Hoy viven en una ciudad muy poco amiga del peatón, muy poco amiga del “no-stress”, más cercana al smoke y al Hanoi de Vietnam. Pero peor aún que Hanoi, porque el caos ambiental no lo generan las motos, sino los autos, y a la pobre ciudad no le queda otra que ser víctima del desastre vial, víctima de tener todas pero absolutamente todas sus cuadras (“desde playa pascual hasta carrasco”) con autos estacionados. Hay autos al costado y encima de las veredas, de esquina a esquina, autos en la entrada de la casa de Antonio y en la rotonda de Millán estacionados… si entras a tienda inglesa y te distraes, te ponen un auto detrás del tuyo y cuando quieras salir… manejate, llora si queres querido. Espero haber sido clara… hay autos.

Roma hereda ser capital europea  y con sus ruinas romanas invita a millones de turistas a conocer sus descuidados monumentos, invita a compartir un almuerzo al costado del coliseo con el pasto sin cortar, te invita a recorrerla en Zig y Zag siempre y cuando no te enloquezcan los bocinazos. Igual de todos modos, si querés, te invita a caminar por sus calles peatonales aquellas que tienen el paso prohibido para vehículos, y disfrutar de un rico helado artesanal, una pasta o pizza ofrecida a cada paso por una módica suma de 6 a 9 euros.

Por suerte nos encontramos con el Tata y Chechi, lo cual amenizo bastante la estadía en la ciudad tana. Ya hacía dos días que estábamos de nómades y caer en un hogar se vivió bien. Fuimos con el Tata a ver su partido de la Lazio (que él no jugaba porque cantó lesión) y compartimos esa noche la alegría de que lo citaran para el partido de Uruguay que se juega hoy mismo. Pasamos dos noches en su casa. La primera, salimos a cenar unos paninis (o clásico “refuerzo” pero calentito) con unas cervecitas. Esa noche en mi paisito, estaba otra parte de mí sufriendo la despedida de Ignacio, desvelo y charla con adri y mamá.

Roma cambio de color para el segundo día y difícilmente mi recuerdo logre evadir mi sentir de esos días.

El vaticano, el encuentro con la realidad de nuestros “padres” de la Iglesia. Por suerte no lo encontré tan lleno de oro y diamantes como dicen, en el correr del viaje he visto cosas muy lindas, quizás más lindas aún que estos edificios, y si hay algo que hemos comprendido, es que el hombre amó a Dios desde sus orígenes y ha necesitado siglo tras siglo demostrarle este amor a través del arte, construyendo estructuras que cuanto más grandes y lujosas, más fuertes en su adoración y alabanza… por suerte (y a pesar de las contras de nuestro mundo capitalista actual) hoy sabemos amar a Dios en un campo con flores o una iglesia de roca. Estuvimos 4 horas adentro de San Pedro, acompañando ese 4 de noviembre inolvidable. Pudimos alejarnos de los turistas y regalarnos el silencio en la inmensidad de esa Iglesia. San Pedro, conmovedor.

El museo del Vaticano, nos dejó un gusto amargo. Nos indignó ver que sale más caro que el Louvre (el museo más grande del mundo?) pero no te dan un mapa para ubicarte, hay zonas sin luz para ver los cuadros, zonas con cuerdas que no te dejan pasar pero tenés obras del otro lado (?) y lo peor de todo, tiendas de suvenir cada 2 pasos, por las dudas de que no te olvides de tu vicio del “por-venir”. Molesta, molesta porque nosotros creemos tener claro qué es la Iglesia, que también soy yo, es Castores, es mamá, es la abuela, sos vos, pero que pasa con la tía? que visita el museo y siente que le roban la plata? La tía fue al Vaticano también…ojo con eso, que hay que sanar al enfermo y no al sano. No te olvides que sos el padre, y primero te miran a ti, después a mí que soy más chiquita. Yo mientras tanto sigo con mi catecismo, pero ayúdanos con tu imagen, “Echa a los mercaderes del templo” porfa.

La capilla Sixtina impresionante, Miguel Ángel un SA-LA-DO. Es increíble pensar que son frescos de esa época y tapizan tooooditaaa la iglesia, no hay espacios vacíos. Los rostros, las manos, los gestos, las poses, wau. Los tipos pintaban colgados, chau!

El Panteón, la fontana de Trevi explotando de turistas, San Andrea Alquirnale, Santa María Degli Angeli, San Carlo alle quattro fontane, piazza del Campidoglio donde recibí mis clases de Renacimiento, Piazza Navona!!! Que es hermosa! Las iglesias contemporáneas que fuimos, la de Meyer toda blanca, blanquísima. De lo más actual, el Concert Hall y el museo de arte contemporánea de Zaha Hadid. En fin, muchas cosas en Roma.

De todos modos no voy a decir que globalmente me haya gustado la capital Italiana. Me quedo con los colores de la Toscana, con los terrenos montañosos que pasamos con la tortuguita,  con la amenidad de Florencia, sin duda con el pueblito  de “Los Di Candia” Tanos, elevado sobre un valle en el sur.

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